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Mostrando entradas de agosto, 2012

Una pasión indescriptible

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He leído -alborozada- un texto de Guillermo Cabrera Infante, escritor y guionista cubano que tal parece, comparte gran parte de su genética conmigo, transcribo su inspirada reseña: 

Offenbach

Aparición de

Jaime Diego Jacobo Yago Santiago Offenbach llegó a nuestra vida, sin todos esos nombres, hace exactamente seis años, sin previsión y de repente, como los milagros. Sucedió que un día fui a ver a un amigo, a quien yo visitaba a menudo, y allí estaba, imprevisto, imprevisible, Offenbach, entonces un largo gato flaco y blanco que se subía por las cortinas y casi trepaba las paredes para luego venir a mi regazo, de un salto inaudito, comenzó a hacer los más extraños ruidos oídos jamás por mí: así debían cantar las sirenas. Al otro día llevé a Anita y a Carolita, mis dos hijas, a que lo conocieran. También iba Miriam Gómez. (Aquí tengo que hacer un paréntesis deshonroso: es necesario decir que Miriam Gómez siempre quiso, ya desde Cuba, tener un gato siamés y que yo, que había tenido de niño …

Morir

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Recuerdo perfectamente aquel 12 de marzo de 1990, a mis 17 años me encontraba de visita en casa de mi abuelita, en la ciudad de Punta Arenas. Había viajado 36 horas en bus para pasar mis vacaciones de verano con ella y su compañero, el tío José. Ellos me regalaron momentos inolvidables de cariño y ternura que me dolían un poco porque me sentía tan carente de esos afectos. Reímos mucho y salíamos a buscar calafates para que yo pudiera regresar algún día, dormíamos los tres, viendo televisión o sólo conversando, fueron días maravillosos.
En esos días, mi país estaba expectante porque se venía el tan anhelado cambio, de la Dictadura de Pinochet al Gobierno Democrático de Patricio Aylwin. Yo había vivido los años de mi niñez y adolescencia en la más absoluta ignorancia respecto de lo que subterráneamente ocurría en Chile, nunca supe nada que me alertara sobre las violaciones a los derechos humanos o a las represiones que afectaban a tantos. Sólo recuerdo que en el año 1985, mi profesora d…