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Mostrando entradas de febrero, 2011

Una encantadora sonrisa con hoyuelos en la cara

Hace muchos años, un día por la mañana recibí una llamada que hizo cambiar mi perspectiva de lo que significa y de hasta dónde puede llegar el compromiso que forjamos a través de una amistad.
Ella me pedía que corriera a su encuentro porque algo le había pasado. Al llegar la vi sentada, mirando la luz de la mañana que se filtraba por la ventana, su rostro estaba bañado de lágrimas, sus dedos inquietos apretaban un pañuelo que asfixiado, no lograba empapar la pena que tenía. Me arrodillé a sus pies y besé sus manos sin decirle nada.
¿Cuántas palabras hubieran sido necesarias para consolarla?
Más, no había consuelo para ella, su mundo se había roto y era imposible encontrar cada trozo que permitiera componer su desgarrado corazón.
Más tarde, la observé salir furtivamente. Algo me hizo suponer lo que ocurriría si no la seguía, y como una sombra comencé a caminar tras ella. Transitó por varias calles, atravesó la plaza, llegó al mar… pero antes de hacer lo que se proponía, miró hacia atrás…
¿E…

San Valentín

En el día del amor, una esclarecedora frase del Dramaturgo Belga Maurice Maeterlinck:

"Si antes de besar a la persona amada habéis contemplado las estrellas, no la besaréis de la misma manera que si sólo habéis mirado las paredes de vuestra habitación."



Una mujer de manos grandes y tibias

Hace más de dos mil años el sabio romano Cicerón escribió: “La vida de los muertos está en la memoria de los vivos”.
Leyendo esta frase pienso que las personas mueren cuando quienes vivimos, dejamos de hablar de ellas, de lo que fueron, de cómo fueron y de cómo influyeron en nuestras vidas.
Hace poco escuchaba a uno de mis hijos hablar con su primo sobre las naranjas confitadas y de lo deliciosas que son. Sus palabras me remontaron a algún momento de mi infancia en que estando en casa de mi abuelo Lucio, su señora nos daba trozos de esa fruta endurecidos con azúcar, y les hablé de mi tía Marta.
Muchas veces probé alguna delicia de sus manos: platos alemanes, tortas que batía a mano, pan de harinilla, mermelada de ruibarbo, alcachofas con una salsa deliciosa que hacía con “chalotas”, como ella llamaba al tallo del ciboullette, y por qué no decirlo: de las papas que le gustaba llevar a la playa en una ollita y que comíamos con mariscos que nosotros mismos cosechábamos… parece mentira cont…