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Mostrando entradas de agosto, 2011

Un hombre con ojos de niño tocando el mar - Dedicado a Mauricio de La Parra Vial

Hace muchos años, trabajaba yo en un departamento cultural cuya encargada tenía una forma de ser bastante inusual: durante todo el día estaba malhumorada y amargando la existencia de quienes trabajábamos con ella, pero en cuanto alguien entraba a nuestra oficina, su rostro se transformaba adoptando una sonrisa casi angelical… demás está decir que cuando alguien trasponía la puerta, yo sentía un alivio que me sabía a gloria.
Un buen día –porque es inolvidable- un hombre alto y desgarbado cruzó la puerta, usaba lentes muy gruesos y cojeaba trabajosamente, hablaba como si tuviera un megáfono frente a la boca y tenía mil historias cuyas batallas –naturalmente- siempre ganaba. Ese hombre eras tú Mauricio, lleno de ruido y de risas,  que mi jefa compartía pero que subterráneamente envidiaba. Nunca olvidaré el alivio que yo sentía cuando tú llegabas, porque ella cambiaba y desaparecía la arpía que escondida en una sonrisa forzada te atendía amablemente.
Tiempo después el destino quiso que trab…